Artículos HOLABERLIN para medios de comunicación

Visitando Berlín todos los días

Por Mariángeles de HOLABERLIN

Si bien vivo en Alemania hace ya casi 7 años, no pierdo de vista el interés “turístico” que despiertan los lugares y maneras de ser de aquí: trabajo como guía turística en Berlín desde hace cuatro años, y creo que eso me mantiene cerca de la mirada de los visitantes. A eso se suma mi curiosidad e interés por la cultura y maneras de ser de la gente de este país.

Quisiera entonces compartir con ustedes algunas ideas en caso que decidan visitar esta apasionante ciudad que no deja de cambiar y que sorprende incluso a los que vivimos aquí hace un tiempo.

Llegando a Berlín

Qué es lo primero que vemos, que nos atrapa de esta ciudad? Lo que no vemos, lo que falta.

Hoy, a 66 años del fin de la Segunda Guerra Mundial y a 21 años de la caída del Muro, lo que falta se ha organizado y corporizado, a veces provisoriamente, en amplias avenidas, enormes parques, edificios monstruosos e hipermodernos que parecen siempre vacíos, todos tamaños incongruentes con el todavía escaso movimiento de gente y coches, y digo todavía porque la ciudad está cambiando velozmente.

Si pensamos en la última gran destrucción que sufrió la ciudad (un 75% de los edificios desaparecieron en la II Guerra Mundial, pero otras guerras anteriores ya habían hecho varias veces lo mismo) en Berlín es aún fácil detectar lo de “borrón y cuenta nueva”. Fue durante siglos el karma de esta ciudad.

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Supongamos que aún no hemos llegado, que estamos preparando el viaje. Las primeras palabras que se nos vienen a la cabeza serán los hilos conductores hacia lo que hay que saber y ver en primer lugar: el káiser, el muro, la guerra, Einstein, el tecno, los nazis, Hitler, el cabaret, los salvajes años ‘20.

Investigar estas palabras previamente nos servirá para entender lo que a simple vista no se entiende. Berlín es una ciudad riquísima en historia, con un presente muy dinámico y gran tamaño (ocho veces el tamaño de París!). Por eso es bueno informarse, viajar con una guía en papel y contratar al menos una visita guiada que nos lleve a los escenarios históricos más emblemáticos y nos explique lo que se ve y lo que no se ve.

En esa visita veremos entretejerse tres grandes épocas históricas:

Berlín como capital de Prusia, el esplendor de los Hohenzollern, quienes se coronarían como Káiseres o emperadores alemanes, en 1871. Esto lo veremos prncipalmente en la Puerta de Brandenburgo, el Reichstag, la Avenida Unter den Linden, la Isla de los Museos y la columna de la Victoria. También en los muchos palacios dentro de Berlín (Charlottenburg) y en los alrededores (Potsdam).

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El período del nacionalsocialismo y la Segunda Guerra Mundial se nos aparecen en la plaza donde tuvo lugar la quema de libros de las juventudes hitlerianas, la Avenida del 17 de junio, el edificio de las Fuerzas Aéreas nazis, los monumentos a los soldados soviéticos caídos en Berlín, la zona de las embajadas, proyectada por Albert Speer, el arquitecto de Hitler.

El tiempo de la Berlín dividida por el muro y la Berlín roja, en zonas como Alexanderplatz, la East Side Galery, el trozo de muro más largo en pie en su posición original, así como muchos otros trozos de muro y zonas limítrofes ocultas y no tanto, de las cuales la más famosa es la del antiguo paso fronterizo Checkpoint Charlie, pero también otras aún más interesantes como la calle Bernauer Strasse, donde hay un centro de documentación gratuito y se ha reconstruído, vaya paradoja, gran parte del muro que hizo de esa calle el límite entre un paradigma mundial y otro durante 28 años.

Por supuesto hay otras aristas a descubrir en Berlín después de esa visita, aspectos que se salen de los tópicos netamente germánicos, que en realidad son los que menos abundan en esta ciudad. Las podremos descubrir rápidamente en algunas de las rutas temáticas que se ofrecen o bien, con más tiempo, dejándonos llevar por el mapa y las recomendaciones, o simplemente la intuición en el caso de viajeros más avezados.

Berlin underground

No se puede abandonar Berlín sin sentirnos un poquito parte de su escena under pre-caída y post-muro, de los ‘80 y ‘90, con su gran movimiento de ocupación de edificios y comunidades autogestionarias, o sin asomarse a ver qué queda de la escena bohemia o de la punk. Todo sea por reflexionar un poquito más acerca del orden social y político en el que vivimos y sobre otros intentos de vida que se corporizaron y resisten en la ciudad.

Hay espacios que aún atesoran algo de “marginales”, de cuando por unos u otros motivos estuvieron al margen de lo establecido, de la norma. Por ejemplo en el edificio en ruinas donde funciona la asociación cultural Tacheles, o el patio cultural Haus Schwarzenberg.  Para espíritus más andariegos,  hay otros espacios menos conocidos de la “subcultura”: la asociación artística Acud, el espacio de teatro independiente Kule, el café cultural Schokoladen, la Bethanien Haus o la zona de fábricas abandonadas, que alberga fiestas clandestinas, discotecas elegantes y casas ocupadas, en calle Köpernicker Strasse. Los grafitis y pegatinas nos harán saber que estamos en el lugar que buscamos. Pero a no tener miedo. En Berlín nada es lo que parece y el desorden está, para bien o para mal, también organizado.

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Los barrios a no perderse son: Friedrichshain, Kreuzberg, Prenzlauer Berg. Y claro, son muchos los que no soportan ver estos barrios convertirse en parques temáticos para turistas. Y tampoco muchos pueden pagar tarifas de alquiler que aumentan al ritmo del interés por la ciudad. Así van naciendo espontáneamente en otros barrios, nuevos rincones con escenas propias, una dinámica constante en los últimos veinte años.

Compras y gastronomía

Las compras son parte importante de un viaje para muchos, otros quieren ver qué se usa, qué le gusta a la gente, comparar precios. Para ellos Berlín se despliega en zonas diferenciadas por gustos y poder adquisitivo.

Obviamente las tiendas, hoteles y cadenas de restaurantes de más larga tradición en la ciudad, están ubicadas en el occidente, antiguamente ocupado por los aliados, representantes del orden capitalista.

En el barrio de Charlottenburg, a lo largo de sus arterias Tauentzienstrasse y Kurfürstendamm, conocida como la Ku’damm, que este 2011 cumple 125 años, es donde están las grandes marcas desde las épocas de bonanza postguerra del Plan Marshall, y por supuesto muchas otras posteriores. Interesante de visitar aquí es el KaDeWe, el centro comercial más antiguo de la ciudad, imponente.

Con la restauración paulatina del este de la ciudad, la ex Berlín roja, muchas marcas, galerías de arte y grandes almacenes se han ubicado también aquí. Hay dos zonas interesantes: la Friedrichstrasse, más coqueta y pretenciosa y la zona Hackescher Markt, menos acartonada y con un estilo particular, con marcas locales, mezcla de diseño exclusivo y vintage, posmoderna, cosmopolita y con un toque de exhibicionismo fashion/alternativo.

Y más al este, en Alexanderplatz, bajo la Torre de TV, encontramos centros comerciales masivos, interesantes para quienes buscan precios más bajos u artículos de otro tipo, como por ejemplo, electrónica o fotografía. Un tip: en Alemania la última tecnología está muy al alcance de la mano.

En cuanto a la gastronomía, tenemos que hablar de la influencia de generaciones de inmigrantes desde el siglo XVII en adelante, y de su impronta en la cocina local. Franceses, austríacos y turcos han hecho que se haga difícil hablar de una cocina berlinesa pura. Los franceses dejaron, además de muchas palabras de su lengua en el dialecto local, las Boulette (bolas de carne). De los austríacos se toman ya como propias las Wiener Schnitzel, que no son otra cosa que milanesas gigantes de carne de ternera. Los turcos, llegados como tantos otros a trabajar en la industria post-guerra y la reconstrucción de las ciudades, trajeron el alimento rápido más importante de los apurados y trasnochados: el Dönner Kebap, un pan árabe abierto con verduras y trozos de carne de cordero o pollo que se va rebanando a mano de una gran pieza cónica de carne compactada que gira frente al fuego.

Por supuesto la cocina regional, si bien es considerada simple, es imperdible. Al pedir platos locales, es importante saber que más que en el refinamiento, el énfasis está puesto en la cantidad, sirviéndose porciones muy abundantes. A probar:

-Eisbein, o codillo de cerdo con chucrut;

-Kasseler, una costeleta de cerdo ligeramente ahumada con chucrut; hígado asado con manzana, cebollas puré de papas (no muy fino a la vista), aves como gansos o patos con col verde y Klößen, bolas hervidas de papa con sémola.

-Leberwurst con puré de papas

-Königsberger Klopse, especie de albóndigas con salsa de mostaza, alcaparra y puré de papas con grumos (Stampfkartoffeln).

-Wurst: Salchichas asadas en pan (tipo choripán), o, la más berlinesa, la Curry Wurst, una salchicha frita, trozada y con mucho ketchup y curry, un invento post-guerra. La mejor forma de comer salchichas es en los puestos callejeros, llamados Imbiß. Los más famosos: Curry 36, en Kreuzberg; Konnopke´s Imbiß, en Prenzlauer Berg y Bier’s Kudamm 195, en la Kufürstendamm.

Y a no olvidarse de probar alguna de las más de 5000 marcas de cervezas alemanas! Para las damas recomiendo en los días de calor la Berliner Weise mit Schuß, cerveza berlinesa con jarabe de hierbas de aspérula (verde) o de frambuesa (rojo). Para los caballeros, las cervezas de trigo o negras.

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De yapa, 10 actividades que no podés dejar de hacer cuando visitás Berlín y alrededores:

  1. Alquilar bicicletas en Berlín por tu cuenta o hacer un tour guiado en bici. Esta es la manera más cómoda y rápida de moverse en Berlín, ciudad totalmente plana y con casi 900 km de ciclovías.
  2. Hacer un paseo guiado en Segway, los carritos eléctricos, cada vez más in en la ciudad.
  3. Admirarse de la naturaleza (un tercio de Berlín se compone de espacios verdes) en parques que parecen bosques y bosques de verdad a un paso del centro, como el de Grunewald, de camino a Potsdam.
  4. Sentir que nadie te mira si vas caminando y te subís al tranvía con una botellita de cerveza en la mano.
  5. Hacerte una sesión de fotografía en solitario o grupal con 2€ en uno de los Photoautomaten, los gabinetes callejeros para hacerse fotos carnet.
  6. Visitar alguno de los sex-shops o el Museo Erótico de la famosa cadena de juguetes eróticos Beate Uhse.
  7. Visitar alguno de los cerca de 50 mercados de segunda mano, arte, artesanía, baratijas y antigüedades de la ciudad. La mayoría funciona los domingos, algunos también los sábados.
  8. Descubrir la gran escena del arte contemporáneo local e internacional visitando alguna de las 470 galerías de arte de la ciudad.
  9. Conducir un “Trabi”. El Trabant era el auto fabricado en el bloque del este de Alemania.
  10. Habiendo vivido dos años en Dresde, la capital de Sajonia, a casi dos horas al sur de Berlín, no puedo dejar de recomendar una visita de al menos un día a esta ciudad.

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© 2011 Mariángeles Aguirre – www.holaberlin.com

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Turismo en Berlín: desarrollo sí, pero con sustentabilidad por favor

Marzo de 2010

Hace diez años los berlineses no se hubieran imaginado que su famoso muro y las huellas de la II Guerra Mundial iban a ser tan atractivos para el turismo, tanto nacional como internacional, convirtiendo a Berlín, con una gran ventaja, en la líder de las ciudades alemanas en lo que a cantidad de pernoctaciones al año se refiere. En el plano europeo, Berlín está en el puesto tres detrás de Londres y París.

Hoy en día el turismo es un motor de la economía local. Si consideramos los sectores que se benefician con él, tales como comercio, servicios, hotelería y restauración, la actividad aportó al PBI de Berlín en 2008 la nada despreciable cifra de casi 9 mil millones de Euros. Esto significa que unas 232.200 personas viven del turismo en Berlín, con un ingreso promedio de 17.187€ anuales.

Si el 2009 ya había sido un año récord, con 8,3 millones de visitantes y 18,9 millones de pernoctaciones, lo que va del 2010 se presenta aún más fuerte, con 6,7 millones de visitantes sólo hasta septiembre. Aún considerando meses de poco turismo como enero y febrero, se alcanzó ya en lo que va del año, un crecimiento del 10,5% con respecto al 2009.

Algunas cifras condensadas:

Visitantes alojados en Berlín en 2009 (en millones)

Crecimiento con respecto al 2008

Visitantes alojados en Berlín en 2010 (enero a septiembre)

Crecimiento con respecto al 2009

8,3

+ 4,5 %

6,7

+ 10,5 %

Pernoctaciones en 2009 (en millones)

 

Pernoctaciones en 2010 (enero a septiembre, en millones)

 

18,9

+ 6,2%

15,8

+ 11,7%

Las cifras del turismo en Berlín hablan claramente del crecimiento de este sector de la ciudad. Basta caminar por Unter den Linden o Kurfürstendamm, e incluso por zonas más remotas, no sólo ya en épocas vacionales, sino en cualquier época del año, para detectarlo. Y es que Berlín es hoy atractiva para todos los públicos, más allá de edades y proveniencias.

En 2009 un 34,9 % de los visitantes de Berlín provenían de otros países y en lo que va del 2010, el turismo extranjero representó un 36,7% de las visitas totales. Los mercados extranjeros más importantes para Berlín son Gran Bretaña, Italia y Holanda, a los que les sigue USA y España en cuarto y quinto lugar.

Visitantes de Berlín en 2009, origen y cifras:

País de origen

visitantes

Modificación con respecto al año 2008

Gran Bretaña

288.497

- 6,8 %

Italia

252.211

+ 19,2 %

Holanda

238.712

+ 9,9 %

USA

238.403

+ 3,3 %

España

192.305

+ 0,9 %

Dinamarca

184.410

+ 12,1 %

Francia

157.633

+ 17,4 %

Suiza

144.757

+ 7,0 %

Suecia

103.725

+ 15,7 %

Austria

95.493

+ 10,5 %

“Zimmer frei”  significa “habitación libre”

Otro indicador es la cantidad de hoteles inaugurados en los últimos años y los que están previstos abrir en 2011 y 2012. Sólo en lo que va de 2010 se dieron a conocer a la Asociación de Hoteles y Restaurantes de Berlín diez nuevos hoteles con un total de 1700 habitaciones. En 2011 se agregarán alrededor de 4000 nuevas habitaciones y desde 2012 otras 3500.

La mayoría de los hoteles de Berlín están entre las categorías de tres a cuatro estrellas, los más solicitados. Sin embargo, los inversores apuestan igualmente al lujo. Hilton hace lo propio con el nuevo Waldorf-Astoria que se inaugurará en otoño de 2011 sobre Kurfürstendamm, será el primer “cinco estrellas plus” de la ciudad. También cercano a la zona del Zoo llega en marzo de 2011 Das Stue con sus 82 habitaciones, un hotel donde el grupo español Silken invirtió 37 millones de euros, y cuya finalización, tras algunos problemas y cerca de un año de inactividad, lleva a cabo el actual inversor, el portugués Grupo Sana. El hotel ocupará las instalaciones remodeladas de la antigua Embajada Danesa, justo al lado de la actual Embajada de España, en el Tiergarten.

Otro hotel de lujo se abrirá en la cercana Joachimstaler Straße, el H10. Su apertura estaba originalmente fijada para octubre de 2010, pero finalmente abrirá en enero de 2011.

Prestando atención a las cifras del sector hotelero, Berlín cuenta actualmente con 763 establecimientos, teniendo en cuenta alojamientos con 9 o más habitaciones. Entre ellos se contabilizan 497 hoteles, 13 hostales, 94 pensiones y otros 159 establecimientos varios como campings, apartamentos, etc.

El número de camas en Berlín actualmente (Sept. 2010) alcanza las 117.070, un 6,2 % más que en 2009. La estadía promedio de los visitantes entre enero y septiembre del 2010 ha sido de 2,3 días, idéntica a la del 2009.

El dato para conocer cómo se desarrolla la ya considerada excesiva oferta hotelera de Berlín, es el promedio de ocupación anual. En septiembre de 2010 fue del 57,9%, mientras que en años anteriores la ocupación hotelera fue del 52,6% en 2007, del 50,8% en 2008 y del 48,8% en 2009. Se observa una clara tendencia descendiente de la ocupación, que se ha detenido ahora en 2010.

El Director de la Asociación de Hoteles y Restaurantes de Berlín Thomas Lengfelder habla con preocupación: “Vemos que el mercado hotelero en realidad ya está saturado, la capacidad ha aumentado mucho más rápido que la cantidad de turistas”, y la preocupación está reforzada por la creencia en que los nuevos números record del 2010 no alcanzan para cambiar esta tendencia.

La Administración Económica de Berlín ya cuenta para 2010 con más de 20 millones de pernoctaciones. Aún así, el promedio de ocupación de camas sólo llega a algo más de 50 por ciento debido a la gran cantidad de hoteles, lo que ya es significativamente menor que en otras ciudades.

El gris berlinés también está presente en las zonas grises del mercado turístico

Es sabido que los visitantes y pernoctaciones son aún mayores de lo que las cifras muestran, ya que hay una franja de desconocimiento o zona gris dada, por ejemplo, por el hecho de que propietarios o inquilinos alquilan sus apartamentos desocupados o incluso partes de su propia casa, como habitaciones para huéspedes o locales para fiestas clandestinas.

Los vuelos a Berlín están a menudo más económicos que una visita a un club londinense o madrileño, y los clubes de Berlín, así como su vida nocturna, son ya legendarios y considerablemente más económicos. Además hay factores culturales que hacen a la noche berlinesa realmente atractiva para sus descubridores. Como lo describe el autor del blog B like Berlin “¿En qué ciudad se puede abiertamente y sin problemas portar y beber no sólo cerveza, sino bebidas de alta graduación en calles y transportes públicos?. Además, Berlín es una ciudad relativamente segura. Después de una borrachera uno se despierta a lo sumo en una cama extraña, o con un golpe en algún rincón oscuro o como mucho en el hospital.”

Berlín es un destino para fiestas, es verdad. Y de hecho así se promociona a la ciudad oficialmente desde la Agencia Berlin Tourismus Marketing GmbH (BTM), ahora llamada Sociedad de Marketing Turístico Visit Berlin (Tourismus-Marketingsgesellschaft Visit Berlin). ¿Qué pasará cuando las tan cambiantes modas impuestas por fiesteros y cazadores de rincones hedonísticos ocultos dejen a Berlín en el olvido reemplazada por otro destino más “in”?

Teniendo en cuenta todo lo dicho, la situación de la ciudad en este sentido se presenta débil y poco sostenible en el largo plazo.

En el mencionado blog nos advierten: “Otras ciudades también son destinos turísticos y con muy buenos servicios, pero ¿dónde hay una contribución del turismo al producto bruto interno tan alta e importante como en Berlín?. La fijación en el turismo muestra efectos secundarios desagradables que todos conocemos en el extranjero.”

Y nos presentan un escenario muy factible de darse en la realidad: “Supongamos que los precios de los pasajes low-cost suben, eso haría que la afluencia de turistas menguara rápidamente.” La empresa de marketing de Berlín ve justamente en las conexiones a Berlín de compañías de bajo costo, la causa del aumento de visitas y pernoctaciones de turistas del Reino Unido, Italia, España y de otros países europeos.

Lengfelder ve el problema de Berlín, justamente donde muchos otros ven la posibilidad y la condición única e interesante de la ciudad, algo que la hace diferente de cualquier otro estado alemán: el poco control que se aplica, a lo que se agrega el vacío legal en muchos aspectos de un mercado nuevo para la ciudad, pero que representa realmente el cambio y la oportunidad de crecer dejando atrás su historia deficitaria.

Lengfelder da la clave, sucede que “ahora tenemos una economía de mercado social”. Una política económica responsable y de empleo sustentable por parte del Senado no debería hacer demasiado hincapié en el turismo, sino además en desarrollar otras áreas.

Berlín como ciudad de tours gratuitos, niñeras, recepcionistas y camareros mal pagados, practicantes sin sueldo y espectáculos “a la gorra” no puede ser el modelo de futuro económicamente sustentable para la ciudad, un modelo basado en el subempleo y mayores cargas impositivas a contribuyentes y visitantes. Algo como el impuesto turístico de 1€ por cada visitante, que existe desde hace tiempo en otros destinos, ya está sobre la mesa de los legisladores locales.

© 2010 Mariángeles Aguirre – www.holaberlin.com

Fuentes:
Amt für Statistik Berlin-Brandenburg

Artículo „Ein Zimmer gibt’s immer“, Der Tagesspiegel, 06/10/2010.

Artículo “Senat freut sich über steigende Tourismuszahlen in Berlin“, 25/02/2010

“Wirtschaftsfaktor Tourismus Berlin“, 2009. Publicación de la Agencia de Turismo de Berlín.

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Visita a la cúpula del Parlamento Alemán. Uno de los grandes atractivos de Berlín cierra sus puertas para visitas espontáneas

Noviembre 2010

Desde su reapertura hace casi once años, cerca de 30 millones personas visitaron el reconstruído edificio del Parlamento Alemán (Reichstag). Tres millones de personas llegan anualmente a ver esta simbiosis entre pasado, presente y futuro, el cuerpo renacido del Ave Fénix, o en este caso del Águila Federal Alemana. Lo que quedó en pie tras la guerra de aquél edificio construído en 1894, diseño de Paul Wallot, fue integrado en el nuevo concepto del arquitecto Sir Norman Foster.

El edificio del Reichstag es el cuerpo de la historia alemana

A lo largo de la historia el Reichstag aparece como escenario principal o se lo sumerge en la destrucción y el abandono, pero siempre está, imposible que pase desapercibido. Con sus cicatrices guarda pruebas de cada acontecimiento histórico político y social de este país. Nace con la transformación hacia una supuesta monarquía parlamentaria. Poco después, los primeros intentos de ejercicio democrático. Desde una de sus ventanas, el socialdemócrata Philipp Scheidemann hace su llamamiento del 9 de noviembre de 1918 a la formación de una República. Llega el cambio de la monarquía por la democracia parlamentaria, no sin enfrentamientos y tensiones en Berlín, siendo necesario dictar la nueva constitución en Weimar, a 300 km del Reichstag.

El Parlamento fue el escenario de la llegada del NSDAP a inicios de 1930 a sus bancas y del nombramiento el 30 de enero de 1933 de Adolf Hitler como Canciller. Su incendio la noche del 27 de febrero de ese mismo año, del que se culpa a un joven comunista, y la consecuente declaración de un estado de emergencia y el cercenamiento de los derechos individuales “hasta nuevo aviso” que rigió finalmente hasta el fin del “Tercer Reich” lo mantienen en el ojo de la tormenta.

Con la “Ley para remediar la necesidad del pueblo y el Reich” Hitler se libera de todo control de los parlamentarios y le es posible dictar leyes aunque éstas se contradigan con la Constitución. Se incia con ello la degradación del Parlamento, que pasa de ser un órgano legislativo a ser órgano de aclamación. 19 sesiones más llevaron a cabo los parlamentarios, ya sin presencia de partidos de izquierda o centroizquierda. Pero ninguna en el edificio que hoy vemos. Desde su incendio, no había sido restaurado y las sesiones se llevaban a cabo ahora en la Krolloper, una antigua sala de teatro y óperas que desde 1931 ya no estaba en uso.

El Parlamento está ahora en manos de un único partido: el NSDAP y pierde su significado. El edificio incendiado y sin restaurar es, en su abandono, prueba tangible del desinterés por la democracia en ese momento de la historia alemana.

Deberían pasar más de sesenta años para que volviera a cobrar vida, abriendo sus puertas a los debates y las desiciones. Sesenta años en los que cayó en la destrucción total, fue embanderado como símbolo de la derrota por soldados soviéticos, convencidos equívocamente de su importancia política. Sesenta años en los que pasó de estar en el centro de la ciudad y del país, a estar en las afueras, en el límite entre dos ciudades y dos mundos que por ahora no lo necesitaban. La República Federal Alemana, dentro de la cual había quedado el Reichstag tras la división, sesionaría en Bonn hasta inicios de los noventa. La República Democrática Alemana, paradójica como su nombre, le daba su espalda, una espalda en forma de un muro de 3 metros y medio de alto, justo a unos metros de allí.

 

Fotografía: Wikipedia

Con la Reunificación Alemana, el 20 de diciembre de 1990 se reune por primera vez desde 1932 un parlamento elegido libremente que represente a toda Alemania. Este parlamento decide en 1991 el traslado definitivo del gobierno hasta 1999 de Bonn a Berlin.

Un pequeño pero simbólico paso atrás para la libertad en tiempos democracia

Diariamente visitaban en promedio unas 8200 personas el Parlamento hasta su cierre transitorio al público en noviembre de 2010. Dos tercios de ellos, un total de 5000 personas al día, acudían exclusivamente para visitar la cúpula, la cumbre de la democracia alemana y de la obra de Sir Norman Foster. Conceptual y arquitectónicamente, un espacio para la transparencia y la eficiencia parlamentaria. La visita puede aún realizarse, pero ya no espontáneamente, sino con inscripción previa o con una reserva en el restaurante ubicado en la cúpula. Las supuestas amenazas terroristas internacionales de las últimas semanas de noviembre de 2010, llevaron a tomar esta desición, que se mantiene durante las fiestas de Navidad y Fin de año, desde hace ya casi un mes, y sin aviso de hasta cuándo. Justamente la época de las fiestas conlleva gran movimiento de visitantes en Berlín, como en toda Europa, lo cual hace temer aún más por posibles atentador terroristas.

Quien desea visitar el Parlamento, o bien debe reservar para almorzar allí o bien inscribirse para participar de una de las visitas guiadas o las actividades de información en la sala del plenario (la próxima es tras el receso, el 19 de enero de 2011) que se ofrecen en alemán, pero que se pueden reservar también en otros idiomas. Por el momento no es posible visitar el parlamente sin reserva previa, por lo que no verán las largas colas que se formaban para ingresar.

© 2010 Mariángeles Aguirre – www.holaberlin.com

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Muros y vacíos de Berlín 

Noviembre de 2009

Cuando paso una y otra vez al lado de esa muralla terrible convertida en un gigante amaestrado, sin dientes ni garras, y voy caminando en companía de los que vienen a verla porque tampoco entienden y no pueden creer que ahí estuviera como estuvo, 28 largos años, me hago (nos hacemos?) muchas preguntas.

Las preguntas no salen en forma de palabras, es más bien una cuestión visceral, un nudo en el estómago que no sabe hablar.

Yo, la guía, ellos, los turistas. Yo la amiga, la hija, la hermana, anfitriona en Berlín, y ellos que visitan esta inabarcable
ciudad de contrastes, grafitis e histórica irracionalidad, todos nos miramos de reojo, somos cómplices en el no enteder cómo pudo….pudo?

Pudo una pared de miserables 3,60mt de altura y 155km de largo detener sentimientos, contener emociones,
reprimir acciones durante casi 30 años?, pudo (podría otra vez) una masa de materia inerte detener al deseo humano?, puede frenar músculos, reprimir cuerpos, detener al desenfreno?, puede la inercia contra la inquietud, lo
estático contra el movimiento?, puede el vacío acallar la palabra, la música, apagar la curiosidad?

Pudo… al menos durante casi 30 años. Al menos aquí.

Yo les cuento a los que visitan la ciudad todo aquello que he aprendido de libros y artículos y documentales. Todo aquello que sucedió en Berlín cuando muchos de nosotros aún no habíamos nacido o cuando ya teníamos
algunos años y no entendíamos bien de qué se trataba la política o la guerra.
Entre paréntesis, esas dos cosas sigo sin entender muy bien. No logro más que simplificarlas a un punto que casi me da vergüenza plantearlo.

En fin, yo les cuento y ellos creen entender. Yo a veces lo creo también.

Veo el Muro, que se escribe ahora con mayúsculas porque es Monumento Histórico Protegido, y el búnker, que se escribirá siempre con minúsculas, y los cementerios sin tumbas, y las tumbas simuladas y los edificios con marcas de balas casi cada día de mi vida y creo entender algo del absurdo y lo irónico de todo esto que ahora para colmo es un
show turístico con 97.205 camas de hotel.

Berlín es una ciudad que a uno lo atrapa, lo supera y lo desafía. No es fácil para ellos ni para mí entender al nivel de torpe y destructiva obstinación al que puede llegar el ser humano.

Será quizás porque casi todos los que encuentro en mi camino y me piden que les cuente y les explique y les muestre dónde sucedieron exactamente los destinos de esta ciudad, piensan, (menos mal) como yo, que el hombre es un ser esencialmente inteligente, constructivo, con capacidad de aprender y evolucionar.

Y es que en Berlín encuentra uno muchas evidencias en contra, y no hace falta buscarlas mucho.

Este es un país que ha vivido siempre implementando el control y el control genera muchos inconvenientes, genera situaciones dificultosas y absurdas que llevan incluso a la muerte de gente inocente si se lo practica al nivel extremo que en Alemania se lo ha practicado en sucesivas dictaduras.

Vivir en esta ciudad es algo que me ha traído la tristeza del eterno cielo gris, la nostalgia por mis raíces
tan lejanas, mi gente en Argentina, pero también muchas alegrías y momentos de emoción, diversión, lágrimas y piel de gallina. Qué más puedo pedir?

Tengo el honor y la tarea de revivir cada día la historia, contársela a otros, y es también una responsabilidad enorme. Siento que tengo que trabajar mucho más para estar a la altura de las circunstancias. Seguiré aprendiendo y tratando de hacer entender.
Seguiré tratando de entender.
Por lo pronto, si bien no estuve aquí en noviembre del ’89, estoy aquí ahora, y junto con amigos y colegas pintamos nuestro bloque artificial del Muro de Berlín en el marco de los festejos por el Aniversario número 20 y la Acción Dominó (Dominoaktion) que se hará el lunes 9 de noviembre (2009) frente a la Puerta de Brandenburgo.

Nuestro bloque ahora nos espera allí para que lo empujemos y hagamos caer el muro una vez más, como hace 20 años lo hicieron hombres y mujeres que querían ser libres para elegir por sí mismos lo mejor para ellos.

Web oficial del evento (en alemán e inglés): www.mauerfall09.de/en/home.html

© 2009 Mariángeles Aguirre – www.holaberlin.com

 

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Cuando las paredes hablan

Mayo 2008

Si un día algo te hace mirar dos veces las marcas dejadas por el tiempo en la fachada antigua de una casa. O si reparás en las columnas majestuosas de un edificio, es porque Berlín ha sido todo y más de lo que te imaginás.
Ha conocido todas las glorias y todas las derrotas. Como capas de pintura, como afiches pegados unos
sobre otros sobre un poste de luz, cada historia de Berlín, es un plano superpuesto.
Los nuevos no han eliminado a los anteriores, están todos ahí, unos sobre otros.
En un lugar así, las paredes hablan. Sólo hay que prestar atención.

Hace un tiempo, a penas llegada a Berlín, nos invitaron a una fiesta en la Stresemannstraße, en Kreuzberg, cerca de Potsdamer Platz. Dos cosas nos llamaron la atención en el edificio. Lo primera fue que la casa tenía en el timbre el
nombre WG2000 (WG – Wohnungsgemainschaft:
piso compartido). Lo segundo fue la imponencia de ese portal escoltado por columnas, los pisos de tablero
de ajedrez, las escaleras de mármol negro y las barandas finamente labradas.

En la casa, la fiesta se llenó de gente tan variopinta como los siete anfitriones de la WG2000

Adentro habíamos observado también las molduras en los techos y la enormidad de esa casa que parecía haber vivido épocas mejores, de gloria. Las respuestas llegaron enseguida: allí había vivido el Ministro de Asuntos Exteriores de Hitler. ¿Qué macabros asuntos se habrían tratado allí?

Quisimos investigar el asunto de la casa de la Stresemannstraße. Concertamos una entrevista con el anfitrión y con el dueño de la casa, Rüdiger Timermann. Ya teníamos el nombre clave: Ribbentrop. Ese era el apellido del ministro nazi que había vivido en la casa.

Antes de la entrevista, leimos que Joachim von Ribbentrop había estado casado con la hija de un rico productor alemán de champaña y se había convertido en un importante exportador de este producto. Al parecer, tenía diferentes clientes, principalmente banqueros judíos, sin embargo él no observaba sus orígenes ni creencias. Pero en 1932 Ribbentrop se unió al partido nazi, y se convirtió en fanático antisemitista declarado. Gracias a sus conocimientos del extranjero y su constante servilismo y adulación, pasó a ser el consejero favorito de Hitler, y más tarde su Ministro de Asuntos Exteriores. Su posición favorable a la guerra, su agresividad y arrogancia, significaron una radicalización de la política exterior de Alemania y nuevos enemigos personales.

Su “gran logro” fue el Pacto de no agresión soviético-germano, el Molotov-Ribbentrop Pakt de 1939 en Moscú, que le permitió a Hitler atacar Polonia con el método Blitzkrieg (guerra relámpago) sin miedo a contraataques por parte de la Unión Soviética. Pero a medida que se desarrollaba la guerra, Ribbentrop había ido perdiendo influencia. En 1946, sus últimas e irónicas palabras antes de ser colgado, como resultado de su enjuiciamiento en Nürenberg fueron: “Yo deseo paz en el mundo.”

Este personaje había vivido en la casa donde ahora eran compañeros de piso tres alemanes, un americano, una austríaca, una francesa y un vasco. En una casa ahora llena de tertulias ruidosas y multiculturales.

Al reunirnos con el dueño, Ribbentrop dejó de ser el personaje estrella de la historia. La casa resultó tener 129 años y más anécdotas que ninguna en la manzana, entre otras cosas, porque fue una de las pocas en la zona en sobrevivir a los avatares de la guerra, la economía y el tiempo. En esta casa puede resumirse la
historia reciente de Berlín. 

Fue construida en 1878, cuando aún la calle Stresemann, lejos de ser calle, y mucho antes de llamarse Königgrätzer
Straße, Saarlandstraße, Stresemannstraße, otra vez Saarlandstraße y de nuevo Stresemannstraße, era un
canal de agua.

La vivienda completa fue habitada antes de la primera guerra mundial por un tío abuelo de Timermann, un militar del ejército Pruso. Debido a la necesidad de viviendas después de la guerra, se la dividió, convirtiéndose en la pensión para hombres manejada por
la anciana Mietze Loth. Efectivamente en este período, los años ´20, albergó a un comerciante que viajaba mucho al exterior y que más tarde sería ministro de Hitler. Ya en sus épocas de alto funcionario, el hombre había vuelto a la casa a degustar las riquísimas tartas de la anciana.

En un par de oportunidades, según contó Timerman, su mamá tuvo el triste honor de compartir café y torta con
el importante invitado, no sin antes vestir sus guantes blancos. Años más tarde, habiendo perdido a su otro hijo en la guerra, dijo: ”Si hubiera sabido quién era, le hubiera clavado el tenedor por la espalda”.

Quizás el eje en la historia de la casa sea el de haber resistido, no sin daños, a bombas que destruyeron por completo todas las casas colindantes, y a las constantes amenazas y ataques de los inversores inmobiliarios para derrumbarla y hacer un complejo comercial. Pero igualmente interesante, es el período en que la habitó la señora Schukowsky, una especie de Schlinder femenina, perteneciente al partido comunista, que en los ´40 albergó a perseguidos y les ayudó a escapar. Su hijo, un oficial de las SS, cada vez que volvía del trabajo, jugaba a las cartas y se emborrachaba con los refugiados y, siempre y cuando estuviera sobrio, mantenía alejados a los escuadrones de control que se acercaban.

Otra anécdota, es la del paracaidista americano que en pleno bombardeo cayó malherido en el patio trasero de la casa y fue ajusticiado por los vecinos, que lo colgaron del balcón donde ahora duerme la inquilina francesa. Igualmente interesante es el mérito de la vivienda de ser una WG desde 1981, habiendo albergado desde jugadores del Germania88, el equipo de fútbol más antiguo de Alemania, hasta ex convictos en etapa de reinserción social, a modo de proyecto social desarrollado por el propio Rüdiger Timermann.

Ninguna de las historias de la casa opaca a la anterior. Todas se mantienen en un mismo plano, hablando
de los miles contrastes y contradicciones de esta ciudad, o del ser humano mismo. De nuestras mil y una posibilidades de reinventarnos. Cuando estuvimos en allí por última vez, las paredes nos hablaron una vez más. “Nuestra mejor época es ahora”, dijeron.

© 2008 Mariángeles Aguirre – www.holaberlin.com

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