BERLIN – TRÁNSITO, ANHELO Y DESAZÓN. Exhibición temporal en el Museo Judío de Berlín.
La exhibición “Berlin Transit – Inmigrantes judíos de Europa del Este en los años 20” muestra el resultado de una concienzuda investigación académica que explora la diversidad de facetas de la inmigración judía en Berlín en la década de los ’20 del pasado siglo y cuenta su historia a través de material fotográfico, pinturas, libros, recuerdos familiares, testimonios reales, etc.
Esta exhibición está a disposición del público en el Museo Judío de Berlín hasta el 15 de julio de 2012. En ella se da la bienvenida al visitante con, por ejemplo, una selección de impactantes cuadros de Issacher Ber Ryback pertenecientes a la serie “Pogromos” y que fueran expuestos entre los años 1923 y 1924 en la “Jüdischen Logenhaus” (Schöneberg). Una terrible visión apocalíptica nada más comenzar que no deja indiferente.


En el espacio nombrado “Babylon” queda constancia de la vibrante escena editorial que acontecía en Berlín. En los años 20 muchos escritores, editores, traductores e ilustradores se sienten atraídos por la capital. Los años de la inflación les permitieron producir aquí libros de alta calidad por poco dinero. Estos libros escritos en ruso, hebreo, yiddish y alemán se exportaban fundamentalmente a Europa del Este. En Berlín había cerca de 90 editoriales rusas y más de 50 yiddish y varias publicaban en más de un idioma a la vez. Una de ellas era la editorial Ullstein.
En la sala de los retratos, justo antes de finalizar el recorrido, nos despiden personalidades como Einstein, Max Liebermann o Rainer Maria Rilke.
El actual edificio del Museo Judío fue diseñado por Daniel Libeskind y abierto al público en septiembre de 2001. Desde entonces ha sido testigo del incesante peregrinar de numerosos
visitantes locales y extranjeros.

La primera toma de contacto a la entrada de la institución ya es parte indiscutible de la experiencia museística. Una extensa área de 15.000 m2 donde se alzan a un lado un antiguo edificio de estilo barroco llamado Kollegienhaus (que en su día alojara la Corte Suprema del Reino de Prusia) y un edificio contemporáneo de fachadas revestidas de zinc con forma zigzagueante. Todo un conjunto con simbolismo en cada uno de sus vértices para dar cabida a una institución que recibió en 2002 el Premio a la Comprensión y la Tolerancia.
Lo que nos cuenta la exposición

Berlín. Año 1925. De 4.024.165 habitantes censados en la ciudad, 172.672 son judíos. Pero no todos son considerados por igual, ni siquiera entre ellos mismos. Los hay ricos y pobres. De vidas prósperas y de futuros inciertos. Los hay que se integran fácilmente en su entorno y los hay que apenas pueden articular algunas palabras en alemán.
Una de las varias grandes migraciones de judíos a Berlín aconteció durante los años de la Era Weimar. La mayoría provenía del medio-este de Europa y se asentaba en Scheunenviertel o en las inmediaciones de Kurfürstendamm.
Unos venían a la metrópolis atraídos por el progreso y la modernidad, el arte y la cultura, la ciencia y la arquitectura. Berlín les abría un vasto e interesante mundo de grandes posibilidades y les ofrecía una vida alejada del estricto control de la rama más conservadora de la comunidad judía.
Otros, por el contrario, venían huyendo de las persecuciones y matanzas que se sucedían en sus lugares de origen. Polonia, Rusia, Ucrania… Tras la Revolución de Octubre de 1917 y a la Guerra Civil la comunidad judía fue víctima de pogromos que forzaron el abandono de sus hogares. Para éstos Berlín no era la tierra de los sueños, era un lugar de paso donde estar en calidad de refugiado hasta que tuvieran la oportunidad de emigrar a EEUU o a Palestina.
Las familias pudientes y de futuros prometedores se concentraban en el barrio de Charlottenburg (por este motivo rebautizado en aquella época como Charlottengrado). Fundamentalmente vivían en los alrededores de “la milla de oro del Berlín Oeste”, Kudamm, como en el caso de la familia de Chaim Kahan que había hecho su fortuna con el negocio del petróleo en Rusia pasando a ser uno de los grandes exportadores en Alemania una vez se hubo establecido en Berlín tras la I Guerra Mundial.
Los pobres y sin papeles se apiñaban en Scheunenviertel, considerado por muchos berlineses como el lado más oscuro de la ciudad donde se concentraban la miseria y la criminalidad y el barrio que el escritor Joseph Roth describió como “el lugar donde están las calles más tristes de Berlín”. Condenados al ostracismo por el resto de la sociedad, sus habitantes encuentran en este Kiez las viviendas más baratas y el entorno menos antisemita de la ciudad y se esfuerzan por sobrevivir con sus pequeños negocios. Tiendas de ultramarinos, librerías, cafés y pequeños restaurantes, venta ambulante, … el barrio es un hervidero de comerciantes entre
los que se encuentran Hirsh Lewin que abre en el número 28 de la Grenadierstrasse (hoy Almstadtstrasse 10) una librería hebrea. Entre sus clientes los había que hablaban ruso, otros yiddish y otros alemán y a ellos ofrecía una variada oferta de mercancías para todos los gustos: obras religiosas en hebreo, libros de historia, literatura infantil y objetos rituales para la oración. Lo más destacado en su tienda era, no obstante, una amplia selección de discos fonográficos.
Más acerca de esta faceta de la historia de Berlín, en nuestro recorrido por el Scheunenviertel, el barrio de los inmigrantes judíos pobres.
©Paloma Lirola/ HOLABERLIN.COM
Fotografías © Bundesarchiv
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